lunes, 20 de abril de 2009

EL ENCERRADO


Mis días son largos en esta vieja mecedora
Ya no puedo aventurarme fuera, no me atrevo. Mi corazón está triste, mi cuerpo, desgastado… Ellos dicen que les importo, pero eso lo dudo. Nadie me visita, nadie me llama…Así que todo lo que puedo hacer es permanecer sentado, mirando las paredes. Espero y me pregunto si sonará el teléfono… Cuánto deseo que lo hiciera, o, cuánto cantaría mi corazón.Tan solo un golpe en la puerta, alguien que diga hola… Me daría tanta felicidad… ¿Pasará? ¿Antes de que muera yo?

Solía ir a la iglesia, cuando podía estar de pie… La gente me sonreía y estrechaba mi mano. Ellos profesaban amar y vivir por El Libro”… Ahora, cómo me tratan, solamente echen una mirada. Espero que nunca lleguen a la situación en la que estoy…

Es terrible cuando está uno forzado a estar encerrado. Los días son largos y algunas veces, también las noches… Oro a mi Hacedor ya que sé que su amor es real. Inclino mi cabeza y levanto mi mano. Sé que pronto dejaré este mundo.

Yo espero mi solitario tiempo aquí en la tierra, porque contigo, Jesús, he nacido de nuevo. Intento recordar, Jesús, por lo que atravesaste… Y no guardar resentimiento pero todavía me entristece… Recordar lo que hiciste por mí en el Calvario… Y prometo, Señor, siempre honrarte a Ti. Tal y como orases Tú una vez, así también lo haré yo… Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen.
Lona Robinson

Reflexión: Cuántos son los que por ser ancianos, enfermos o presos, se sienten solos. Ya nadie los visita o siquiera los llama. Este es un buen día para acordarnos de aquellos que están encerrados.

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