martes, 22 de mayo de 2012

TATUAJES, QUÉ DICE LA IGLESIA.


Respecto al tema planteado ayer - sobre las hostias que caen al suelo durante la comunión -, de todos los comentarios ha habido uno que es el que creo que tiene razón. Un sacerdote escribió que él siempre a ese recipiente lo había llamado piscis. Pues bien, así me lo enseñaron también a mí en el seminario. Pero siempre me quedó la duda de si ese nombre era un término local, que quizá no se usaba fuera de la diócesis.

Muchos me han preguntado que qué pienso de la comunión en la mano. Pues mi postura es muy sencilla: sentire cum Ecclesia, sentir con la Iglesia. Si la Iglesia lo permite, punto final. Cada uno puede tener sus propias preferencias e, incluso, argumentar por qué prefiere una forma frente a la otra. Eso es completamente lícito. Pero lo que no es lícito es afirmar que algo permitido por la Iglesia de forma oficial es intrínsecamente malo.

Hay gente que dice que Jesús ha dicho en supuestas apariciones (falsas sin duda) que de ningún modo se puede permitir la comunión en la mano. Pero, de hecho, los que dicen eso no han escuchado a Jesús. Lo que han hecho es leer un e-mail que decía que Jesús había dicho eso. Claro, no es lo mismo.

Jesucristo nos advierte contra el pecado, pero nunca hace la guerra a los obispos. Ningún reino dividido puede sobrevivir. Jesús apoya a los obispos por la sencilla razón de que los obispos son sus enviados, sus mensajeros, sus administradores. Un obispo puede irse al infierno. Pero Jesús nunca llamará a la desobediencia contra un obispo: lo que ataréis en la tierra, será atado en el Cielo.

Sabéis lo que amo mi sotana. Pues bien, si mi obispo me ordenase que no la llevase, no la llevaría.

Me preguntaba hoy una persona que qué pienso de los tatuajes. Bueno, prohibidos por la moral no están. Pero el cuerpo es templo del Espíritu Santo. Es como hacer una reforma en el cuerpo sin marcha atrás. Mi cuerpo está blanquito del todo, sin el más pequeño tatuaje bajo la sotana negra. Y así pienso morirme. Lo que no descarto algún día es operarme la vista. Pero quiero que la técnica avance un poco más. Dentro de unos, digamos, siete años igual me animo. Siempre he tenido mucha confianza en el avance de la técnica. Dentro de siete años, igual entras en la consulta, dejas el sombrero, te vas a sentar y el cirujano te dice: no se siente en la silla, ya le hemos operado mientras dejaba eso en la percha, puede marcharse.

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