miércoles, 23 de agosto de 2017

MUCHOS SACERDOTES DEDICAN SUS DÍAS DE DESCANSO A LA ATENCIÓN PASTORAL DEL LUGAR DONDE VERANEAN

Los curas que no «cierran por vacaciones»
 [Publicada en el número 989 el 4 de agosto de 2016] Sustituir a un párroco rural, reforzar la presencia de la Iglesia en zonas turísticas, visitar campamentos juveniles, ayudar en tierras de misión… Así pasan sus días de descanso miles de sacerdotes.

Félix González es uno de los miles de madrileños que este año van a veranear en la localidad valenciana de Gandía. Sin embargo, él no es el típico turista de playa y chiringuito… O no solo. Porque desde hace varios años este sacerdote, párroco en la iglesia madrileña de Cristo Sacerdote, aprovecha sus días de descanso para reforzar la atención pastoral en esa localidad de Valencia, una de las que mayor afluencia de turismo registra entre los meses de julio y agosto.
VACACIONES: SÍ, PERO…
Según el canon 533 del Código de Derecho Canónico, todos los sacerdotes tienen derecho «como máximo» a un mes de vacaciones al año, con la única «obligación» de asistir a la Misa dominical, como cualquier otro católico. Sin embargo, al igual que Félix, muchos de los 18.813 sacerdotes que hay en España (según la última Memoria de la CEE) dedican parte de esos días a desarrollar actividades evangelizadoras allí donde son más necesarios. «Yo soy sacerdote todo el año –explica Félix–, y aunque estos días no tengo obligación ni siquiera de celebrar la Misa, sigo haciéndolo porque en la Eucaristía está Jesucristo vivo de verdad, y para mí es muy importante mantener el contacto con Él. Si puedo acercarme a la parroquia del lugar donde estoy de vacaciones, celebrar la Misa y echar una mano con las confesiones, justo ahora que hay más gente, ¿cómo no lo voy a hacer».
MÁS GENTE, MÁS ANUNCIO
Este, el de la afluencia de turistas a ciertas zonas, es uno de los motivos que lleva a muchos sacerdotes a «no cerrar por vacaciones» para anunciar el amor de Dios a los que terminan el curso «cansados y agobiados»: «En verano –asegura el párroco de Cristo Sacerdote– hay mucha gente que viene a horas un poco infrecuentes, porque han estado todo el día en la playa y entran porque ven la iglesia abierta, aunque sea tarde. Hay personas que van a Misa después de tiempo sin ir, porque al estar más tranquilos vuelven a dejarle hueco a Dios. Pero lo que más se nota son las confesiones: cada año me encuentro gente que busca la confesión porque al alejarse del estrés y de las prisas, se dan cuenta de que necesitan una reforma más profunda». Y gracias a que un cura pasa sus vacaciones en un confesionario, «pueden reconciliarse con Cristo».
Con la ayuda extra de los tres sacerdotes de fuera que, como Félix, compaginan en las tres parroquias de Gandía «darte un baño en la playa por la mañana y por la tarde ir a la iglesia», hay personas que «viven casi por única vez en el año un encuentro con la misericordia de Jesús, y a los que les aconsejamos que retomen o inicien su vida de oración».
GALICIA, CHILE, LOURDES…
No muy lejos de Gandía estará este verano José Antonio Medina, sacerdote de la diócesis de Getafe y párroco de Nuestra Señora de la Saleta, en Alcorcón. Y decimos este verano porque en sus 25 años de sacerdote, José Antonio ha dedicado sus vacaciones a recorrer el mundo: «Lo nuestro –explica– no es una profesión, sino una vocación, y para mí “un día sin Misa celebrada es un día sin sabor de eternidad”. Así que mis vacaciones han sido siempre unos días para la familia, y luego, irme a predicar un retiro espiritual o una novena patronal en algún pueblo, para que esos párrocos puedan irse de vacaciones; realizar actividades solidarias, como cuando un terremoto asoló Chile en 2010; o irme de confesor, por ejemplo, a Lourdes, en Francia».
Medina sabe que los sacerdotes también necesitan descansar del ajetreo de la parroquia para no acabar quemados, y por eso «este verano, junto a un párroco vecino y buen amigo, iremos a suplir a un párroco que tiene su parroquia junto al mar, para que él pueda irse de vacaciones, pero de forma que, mientras asumimos las obligaciones sacramentales de esos días, podamos a la vez descansar y darnos un reparador chapuzón».
EL OBISPO, UN CURA MÁS
También muchos obispos cuelgan el cartel de «abierto por vacaciones», incluso sin salir de la diócesis. Es el caso del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, que habla con Alfa y Omega cuando el termómetro marca los 42 grados: «Como comprenderás, lo normal es que con este calor la gente huya a la playa. Pero yo me quedo en Córdoba porque es cuando más tranquilo estoy. Sin las prisas de la agenda, aprovecho para leer o escribir, y sobre todo para estar más tiempo confesando en la catedral, visitar con calma a familias o enfermos, acercarme a alguna colonia de jóvenes y quedarme al fuego de campamento, ir a cenar a casa de algún cura y que me cuente cómo está, ir sin prisas a ver a unas monjas, o sustituir a alguno de esos sacerdotes que tienen cinco o seis Misas cada día, porque si yo puedo celebrar por él dos o tres, y otro cura otras dos o tres, él se puede ir de vacaciones unos días».
Al final, como concluye monseñor Fernández, «de lo que se trata estos días es de poder hacer, con un ritmo más relajado, la tarea de todo el año: estar cerca del Señor para ayudar a los demás a acercarse a Jesucristo».

José Antonio Medina

SOR TERESA, MONJA DOMINICA A LOS 23 AÑOS: ¿ESTÁS LOCA?


Sor Teresa, monja contemplativa del Real Monasterio de Santo Domingo en Caleruega, ha dado testimonio de su vocación.

En febrero de 1999, el Maestro de la Orden Timothy Radcliffe escribió una carta a los frailes y hermanas en formación inicial. Aunque yo entonces sólo tenía 5 años y ni pensaba en ser monja ni tenía ni idea quién era Domingo de Guzmán, se me ha ocurrido usar dicho texto para este pequeño escrito en el que os comparto un poco mi experiencia, mi corta experiencia en la Orden.
Mi nombre es Teresa, tengo 23 años y soy profesa temporal en el Monasterio de Santo Domingo de Caleruega. Si ya es raro que alguien se decida por la vida del claustro en este momento de la historia, supongo que debe resultar aún más sorprendente que lo haga en una Comunidad que supera los 70 años de edad media de sus miembros. ¿Estás loca?
Bueno, yo también me hago esa pregunta de vez en cuando y, no sé muy bien qué responder. Puede que haya perdido un poco la cabeza pero es precisamente en esta vida donde he podido encontrar la paz y la alegría que en mis 18 años anteriores, sensatos y prudentes, no conseguí hallar.
Cuando, en el año 2012, me despedí en mi perfil de Facebook, escribí: Me voy por alguien que hará todo por mí cuando yo no me sienta con fuerzas, me voy por alguien que me consolará en el sufrimiento, me voy a la vida fácil, al no hacer nada para que Él lo haga todo en mí. Y ahora que pretendo compartiros un poco mi día a día he querido empezar con esa misma verdad, no ya en esperanza, sino habiéndolo comprobado un poco: que es Dios quien hace la obra y precisamente por eso, porque la lleva Él, es posible, si no….
Decía Timothy: Las razones que nos han traído a la Orden quizá no sean las que nos llevan a permanecer en ella. Como católica y practicante, la vida de las monjas me pareció siempre muy respetable y valiosa para la Iglesia, pero jamás pensé que podía incluirme en su número, valiosa y respetable sí, pero no para mí. Esa “leyenda negra” que sitúa a las monjas aún en la edad media, entre rejas y monasterios oscuros, con penitencias continuas, con poca cultura, sin conocimientos de nada tecnológico, con caras serias y estricto silencio, supuso un verdadero obstáculo que me echaba para atrás. Por eso, ante la posibilidad de que Dios podía estar llamándome a esta vida, me decidí a probar: así me quitaba pronto la duda de encima, que no me dejaba tranquila, y podía seguir con mis planes…. Sobre todo pensaba que no era compatible con mi forma de ser, con mi manera de afrontar la vida, de verla, con mi ser hija del siglo XXI etc. Al principio sentía un gran peso y le preguntaba con frecuencia a Dios: ¿por qué me metes a mí en esto? Hasta que un día me di cuenta que había dejado de decir “el convento” para decir “mi casa”; había dejado de hablar de “las monjas” para decir “nosotras”… ¡pero si yo no quería! Desde luego que no fue de la noche a la mañana y conté con la ayuda de mis hermanas que creyeron en mí y en mi vocación cuando yo dudaba más que nadie de ella, pero así, poco a poco en palabras del mismo Radcliffe: me quedé porque este deseo se apoderó por completo de mí. Y tal cambio me parecía la mayor prueba de que esto no podía ser sólo algo mío.
Es verdad que no tenemos que reinventar la Orden en cada generación, pero fue parte del genio de Santo Domingo fundar una Orden con flexibilidad y adaptación como parte de su ser. Y es que no os voy a negar que vivir en una Comunidad de hermanas mayores tiene sus desafíos y sus luchas de cada día, pero aprendes y descubres cosas de enorme valor. Al principio, ante los malentendidos, una puede caer en el error de pensar con cierto victimismo ¡es que no me comprenden! O, incluso, sentirse juzgada, pero la vida de Comunidad es un continuo aprendizaje y si estás dispuesta a que Dios te cambie los esquemas, comprendes que las cosas quizá no sean exactamente como pensabas y que, por encima de las diferencias, (grandes, no lo voy a negar), nos une una misma llamada, algo a lo que apelar al final de cada discusión, algo que está por encima del ¿quién tendrá razón?: ¿qué es lo que Dios quiere de nosotras?
Así, yo descubrí que la convivencia con mis hermanas, no era algo que debía “tolerar porque no me quedara más remedio”, sino el lugar de mi Predicación, la materia de mi Predicación, la homilía de mi vida que quiere entregarse en la Orden de Predicadores. ¿Si no fuera por Dios, qué sentido tendría esto? ¿No es Él quien nos ha convocado y nos sostiene? ¿Quién nos une, sino Dios? Aún con nuestras diferencias ¿no compartimos los mismos motivos, el mismo Motivo que nos tiene aquí?
Aun así, soy consciente de que yo pertenezco a otra época; No se trata sólo de un salto generacional, pienso que es algo mucho más novedoso. No tengo ni idea de cómo se conjuga, pero cada vez sospecho más que no se trata de un “cambio de costumbres” sino de una manera nueva –aunque siempre antigua- de ser monjas dominicas.
No es reinventar la Orden, sino discernir lo que el Espíritu está queriendo con todo esto que, humanamente hablando, no deja de ser una locura. Por eso estoy convencida que todo tiene una razón de ser mucho más profunda. Un desafío, una tensión, un ser fiel a Dios y la humanidad de la que formamos parte y a la que somos enviadas, juntas, como Comunidad.
En un mundo dividido y aislado, que descarta a los ancianos en las residencias y a los jóvenes les niega la oportunidad de un trabajo, de un futuro, ¿no es ahora más necesario que nunca un grito que despierte al mundo, un ¡es posible!? Pero no por nuestras fuerzas, sino porque es Dios el dueño de la empresa y por tanto: ¡peor para él si no nos echa una mano!
No os voy a negar que a veces me preocupe el futuro. Bueno, a veces no, siempre. Pero es una preocupación que al mismo tiempo me hace experimentar la libertad. Os pondré un ejemplo: En el Parque de Atracciones de Madrid hay una montaña rusa llamada el Abismo. Al subirte y comenzar el viaje, el vagón lleva una lenta velocidad que te hace arrepentirte de haber montado mientras sube despacito una estructura completamente vertical que, en un ángulo de 180º acaba dejándote boca abajo. Mientras subes a velocidad lenta, crees ingenuamente que sujetándote bien, podrás agarrarte en caso de que los cinturones fallen y por eso te mantienes rígida, tensa y con dolor de espalda y de cuello. Cuando llega el momento y durante unos 3 segundos permaneces de cara al suelo, cuando escuchas el clic de los cinturones de seguridad y notas toda tu sangre en la cabeza, cuando reconoces que da igual lo mucho o poco que te sujetes pues aquello escapa a tus capacidades, entonces es cuando empiezas a disfrutar: te relajas, te dejas llevar, nada depende de ti, ¡tú sólo vive intensamente!
Así me ha sucedido en el convento. Cuando al principio creía que podía controlar algo, que (aunque fuera una parte muy pequeña de esta historia) había algo que estaba en mi mano, me mantuve tensa, rígida, preocupada, queriendo evitar la próxima curva del trayecto. Entonces vinieron las crisis y nada pudo evitar que me encontrara de cara al suelo. Daba igual que me sujetara, aquello escapaba a mi capacidad. Y sin embargo, no caí, me sujetó no ya el cinturón, sino las manos de Dios en las que puse mi vida y a las que dejé que guiaran mi trayectoria. A veces parece que tocas el cielo, que casi podrías volar, cuando el aire te roza las mejillas y desde allá arriba las vistas te resultan preciosas, otras, en cambio, estás por los suelos, notando el roce del coche en el carril de la atracción, la cabeza se te inclina y no ves apenas nada. No importa. Lo esencial es que te sabes en buenas manos, y eso te hace sentir libre. Disfrutando del hoy como lo único que te pertenece, y al mismo tiempo lo único que tienes para dar; sin buscar garantías de nada, ni calcular presupuestos.
En 1217, Santo Domingo dispersó a los frailes, porque “el grano almacenado se pudre”. Los envió por los caminos sin dinero, como a los apóstoles. Pero uno de los frailes, Juan de Navarra, rehusó viajar a París sin tener dinero en su bolsillo. Domingo invita a Juan a confiar, no con arrogante confianza en sí mismo, sino en el Señor, que cuidará de él durante el viaje, y en su hermano que lo envía. Cuando Domingo ve que todavía está lejos de conseguirlo, tiene misericordia de él.
-¿Qué pides?- Se nos pregunta en la toma de hábito y la profesión.
-La misericordia de Dios y la vuestra- respondemos cada día con el deseo de permanecer.


¿ES INJUSTO NUESTRO SEÑOR?


El premio de la acogida que damos a Cristo es uno solo, igual para todos: el denario de la gloria y de la felicidad eterna.

Por: P. Sergio A. Cordova LC | Fuente: Catholic.net
Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

ORACIÓN

Señor, gracias por darme la gran oportunidad de poder trabajar en tu viña. Permite que en esta oración crezca en la fe y en amor para que nunca haga comparaciones inútiles y que, en todo, y con todos, promueva la unidad y la concordia.

PETICIÓN

Jesús, concédeme que sepa reconocer siempre los innumerables dones con los que colmas mi vida.

MEDITA LO QUE DIOS TE DICE EN EL EVANGELIO.

¿Qué hay detrás de una llamada?
Hoy me presentas diversos llamados que haces a los hombres. A unos los llamas en la mañana de su vida, a otros en la juventud, a algunos en su edad adulta y unos más en la vejez. Lo que me impacta es que llamas. Tú nunca dejas de llamar e invitar a seguirte.

Pero ¿qué hay detrás de una llamada? Generalmente cuando llamo a alguien, lo hago por diversos motivos. Puedo llamar a una persona porque necesito algo de él, porque lo quiero tener a mi lado, porque él necesita algo de mí, porque me agrada pasar tiempo junto a él. Hay muchos motivos.

Sin embargo la pregunta puede ir más allá: ¿por qué siendo Tú, Dios Todopoderoso, llamas al hombre? Tú has hecho, sin mi ayuda, el mundo con todas sus maravillas, has llevado los hilos de la historia por muchísimos siglos, has obrado la redención sin mi presencia. Y entonces, ¿por qué me llamas para que  colabore en la misión de instaurar tu Reino, trabajar en tu viña, sembrar tu Palabra?

Ésta es la pregunta que quiero platicar contigo en esta oración. En ella podré encontrar un poco mejor el sentido de mi existencia y de mi vocación al Regnum Christi.

¡Qué maravilla que no eres el Dios autosuficiente que trabaja solo! Pides mi colaboración. Bien lo podrías hacer Tú solo y mucho mejor de como lo haría yo… pero no. ¡Soy importante para Ti! Me pensaste, me creaste, me miraste, me guiaste a tu encuentro, me miraste fijamente, me señalaste, te dirigiste a mí y me llamaste. No te importó mi edad, mi vestido, mi debilidad, mi cualidad. Sólo por amor me llamaste y en este mismo amor me sostienes.

Dame la gracia de ser fiel a la vocación que me has dado y a cada invitación que a cada momento de mi vida me estás haciendo.

«Somos artífices de la cultura del encuentro. Somos sacramento viviente del abrazo entre la riqueza divina y nuestra pobreza. Somos testigos del abajamiento y la condescendencia de Dios, que precede en el amor incluso nuestra primera respuesta. El diálogo es nuestro método, no por astuta estrategia sino por fidelidad a Aquel que nunca se cansa de pasar una y otra vez por las plazas de los hombres hasta la undécima hora para proponer su amorosa invitación.»

 (Discurso de S.S. Francisco, 23 de septiembre de 2015).

REFLEXIÓN

¿Has leído con atención el Evangelio de hoy? Conviene que lo hagas, porque humanamente es muy desconcertante...

Estamos demasiado habituados a oír hablar de los “derechos de los trabajadores”, de sindicatos obreros y de los derechos de las clases sociales menos favorecidas, vocablos y conceptos acuñados por las diversas corrientes del socialismo. A primera vista, parecería que Jesucristo nos hablara hoy de este mismo tema, pero la realidad es muy diferente.

Nuestro Señor nos narra la historia de un rico propietario que va a la ciudad a contratar jornaleros para su viña a distintas horas del día: a unos los contrata al amanecer, a otros a media mañana, al mediodía a otros, y a los últimos al atardecer. Y, cuando los llama para darles la “raya”, –su salario–, comienza por los que trabajaron sólo una hora. Les da un denario a cada uno. Obviamente, los primeros, al ver la escena, comenzaron a frotarse las manos pensando que a ellos les tocaría de a más. Pero, ¡cuál no fue su sorpresa al recibir, también ellos, un denario! Pero es que ellos habían aguantado el peso del bochorno, del trabajo y del calor de todo el día!... ¡Qué injusticia! ¿Por qué actúa así el dueño de la viña? Si hubieran existido en tiempos de Jesús los sindicatos de trabajadores, seguramente habrían demandado a ese propietario por ser un “negrero” y un “burgués explotador”!...

Pero, vayamos con calma. Jesucristo NO nos está hablando aquí de la justicia distributiva, ni de salarios, ni de nada de eso. El contexto es bastante diferente. Vamos a ubicarnos. Si volvemos a leer el Evangelio, nos daremos cuenta de que Cristo comienza la parábola con estas palabras: “El Reino de los cielos se parece a un propietario que...” Aquí está el tema: nos está hablando del Reino de los cielos. Es decir, de la posibilidad de ser de aquellos que reciben la redención mesiánica. Dicho con palabras simples, trata de nuestra salvación, de esa que Cristo vino a traernos con su venida a la tierra y que continuará a lo largo de los siglos a través de su Iglesia.

El problema que afronta Jesús en la parábola es qué lugar o posición tendrán los hebreos y los paganos, los justos y los pecadores en relación con este mensaje salvífico que Él vino a anunciar. Éste era un tema muy candente en los tiempos de Cristo: los escribas y fariseos –que se creían los “justos” y los predilectos del pueblo judío–, ¿tenían que creer en la predicación del Bautista o no? ¿tenían que hacer caso a las enseñanzas de Cristo o era éste un “falso profeta” a quien ellos podían juzgar y condenar libremente? ¡Esto fue precisamente lo que hicieron ésos con nuestro Señor! En cambio, los publicanos, los pecadores y las prostitutas –a quienes los fariseos despreciaban como judíos de “segunda clase” y como gente perversa y “maldita”–, éstos sí creyeron en Cristo y se convirtieron...

A esta luz hemos de entender la parábola: los jornaleros de primera hora de la mañana son los fariseos, y los de la última hora vespertina son los pecadores. Los mañaneros son el antiguo Israel, y los postreros somos los que formamos la Iglesia de Cristo. Éste es el sentido de las palabras del Maestro: “Los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros”. ¿Por qué? Porque aquéllos no abrieron su corazón a Cristo. Nuestro Señor no nos hace ninguna injusticia. Más bien, ¡somos nosotros los afortunados!, ¿no te parece? Y es que el premio de la acogida que damos a Cristo no puede ser sino uno solo, igual para todos: el denario de la gloria y de la felicidad eterna. Pero, una vez abrazada la fe, ya la recompensa será diversa para cada uno, como dice san Pablo: “Dios dará a cada uno según sus obras” (Rom 2,6).

Y es que Dios, amigo lector, no es injusto. ¡No puede serlo! Sería un absurdo. Es lo que dice el propietario a los jornaleros que le protestan: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que yo quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Su amor y su misericordia son infinitos, y superan con creces y sin punto de comparación las leyes de la justicia humana. ¡Para dicha y fortuna nuestra!

PROPÓSITO

No buscar el reconocimiento de los demás al ayudarlos en alguna cosa y recordar que el premio de la acogida que damos a Cristo es el denario de la gloria y de la felicidad eterna.

DIÁLOGO CON CRISTO

Señor, dame el abandono y confianza que debo tener en todos y cada uno de los días de mi vida, para que no me atreva a desconfiar de tu ternura y misericordia. Tú nunca te dejas ganar en generosidad y nos das el ciento por uno, ¡gracias Señor por tu inmensa bondad! Permite que tu medida de amor sea la mía, en mis relaciones familiares y sociales. Que busque ser el primer servidor de todos.

LA PLANIFICACIÓN NATURAL ¿ES REALMENTE EFICAZ?


De no ser así ¿Por qué la han empezado a recomendar instituciones no religiosas?

Por: La Mamá Oca | Fuente: Catholic-link.com
Existe un gran mito alrededor de los católicos que asegura que como la Iglesia no “permite” cuidarse, nos llenamos de hijos porque no usamos métodos de planificación familiar artificiales. Si a eso le sumamos que el mundo de hoy vende la libertad como hacer lo quieres cuando quieres, el recto ejercicio de la sexualidad se ve como represión. Así, etiquetas como “irresponsables” cuando tienes muchos hijos, o “reprimidos” cuando usas un método de planificación familiar natural (PFN), van soltándose de aquí para allá, bajo el escudo de la supuesta libertad.

Por eso este video es particularmente didáctico para tratar el tema del ejercicio de la sexualidad. Ha sido producido por un organismo llamado Population Research Institute, organización secular, no religiosa, que expone objetivamente los pros y los contra de una PFN, no sólo a nivel fisiológico sino también a nivel psicológico y moral. Lo que es interesante notar, pues estas organizaciones no suelen promover los métodos naturales como parte de su agenda.

Como el tema se presta para tratados de miles de páginas que van desde argumentos médicos hasta antropológicos sobre cómo ejercer rectamente la sexualidad, aquí nos vamos a centrar en dos puntos para reflexionar, por separado o junto, como mejor nos parezca. El primero es sobre lo que significa lo “natural” en el ser humano. El segundo sobre qué es la virtud de la castidad. Es importante que luego busquemos profundizar por nuestra propia cuenta en estos dos temas para entender cómo vivir mejor y más felices nuestra vida en pareja.

¿QUÉ ES LO NATURAL?

Lo natural es lo que corresponde a la naturaleza del hombre, no a sus desviaciones o fallos, sino a su manera correcta de ser. Lo que sucede es que actualmente la palabra se usa, en el lenguaje coloquial, para designar a los defectos del hombre. Por ejemplo, nos parece muy natural que un hombre se enamore perdidamente de una mujer más joven, que no es su esposa. Es natural que alguien con muchas presiones se drogue o emborrache. Es natural hoy en día que la mayoría de parejas se divorcien. Pero estos últimos ejemplos de cómo definir lo natural, ¿son buenos para el ser humano, lo hacen más feliz, mejores personas? Por eso, cuando hablamos de natural no importa lo que suceda en la historia, nos importa lo que le corresponde a la naturaleza humana. Y desde ese ángulo podemos discernir si lo que está sucediendo está bien o mal. ¿Hay alguien que pueda afirmar, por más anticatólico que sea, que está muy bien que haya tantos divorcios en el mundo, que es muy bueno para nuestra sociedad y para los hombres? Por eso también la Iglesia es muy firme (no retrógrada, por si acaso) frente a lo qué es matrimonio y lo que no es. Y para mantener su firmeza se basa en el derecho natural. No en simples caprichos de poder ni en tendencias históricas.

Frente a esta definición de natural, entonces, ¿lo que muestra el video tiene o no un sustento claro sobre lo que es lo mejor para el ser humano en cuanto a la Planificación Familiar?

¿QUÉ ES LA VIRTUD DE LA CASTIDAD?

Como toda virtud, es el recto ejercicio de algo. Es un hábito bueno. Así, la castidad es el recto ejercicio de la sexualidad. ¿Y cómo es este recto ejercicio? La virginidad si no estás casado (soltero, consagrado, viudo, etc.) y la apertura a la vida si estás casado. Pero como Dios lo ha pensado todo, no ha hecho de la sexualidad en el matrimonio algo terrible e imposible de hacer sólo por placer. Existe un ciclo en la mujer que tiene fases fértiles y otras infértiles. ¿Qué es fácil? Tampoco. Exige, como dice el video, en primer lugar, conocer nuestro cuerpo y luego, orden y disciplina, como cualquier cosa buena que uno hace. Y ojo: no es represión. Cuando quieres algo en la tienda y no tienes dinero para comprarlo, ¿lo robas? Seguramente que no, porque has trabajado la virtud de la honestidad. Y no te están gritando por las esquinas: “¡Fuera,  reprimido. Deberías ser libre, hacer lo que quieras!”. ¿O sí? Es que claro, en un mundo tan erotizado como el nuestro, los ojos están muy puestos en este tema de la sexualidad. Pero, y aquí volvemos al primer punto, ¿lo “natural” es hacerlo cuando quieres, donde quieras y con quién quieras? ¿Es “natural” o no tener autodominio? ¿Te hace mejor persona, te humaniza? ¿O al contrario?

La vida sexual de una pareja es algo muy íntimo. Cada matrimonio tiene sus formas y motivos para tener o no tener más hijos. Lo importante es saber que la decisión que toman no se basa en argumentos egoístas y que no afecta su integridad física ni moral, ni su libertad entendida como orientar su voluntad hacia el bien.

Para terminar compartimos lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre los métodos de PFN: Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica.


SÍNDROME POST-ABORTO


Afecta a las mujeres que han abortado, pero también el padre de la criatura y los médicos.

Por: Fundación vida | Fuente: Fundación vida

1. ¿EN QUÉ CONSISTE?

Entre los médicos, psicólogos, psiquiatras e incluso sacerdotes es bien conocido el llamado “síndrome post aborto” (“P.A.S”: “Post-Abortion-Syndrom”). Designa el cuadro patológico que comprende un conjunto de síntomas fisiológicos, psicológicos y espirituales desencadenados tras la realización de un aborto.

2. ¿QUIÉN LO PADECE?

Afecta fundamentalmente a las mujeres que han abortado, pero también se verifica (en distintos grados) en todos los demás que han intervenido en el hecho: el padre de la criatura, los médicos y la persona que aborta. Los síntomas que se manifiestan están en relación directa con las razones por las cuales se abortó, el tiempo del embarazo, la relación entre los padres de la criatura, etc.

3. ¿CUÁLES SON SUS SÍNTOMAS?

Especificando más detenidamente podemos enumerar los siguientes síntomas:

1.- Síntomas de pesar y dolor. Toda pérdida genera un estado de duelo; y es mucho más difícil superar el dolor de un aborto provocado que el de un aborto espontáneo, producido por la misma naturaleza, y esto por varias razones: la persona se sabe culpable de la pérdida, no tiene posibilidades de visitar el cuerpo del niño, ha existido un trabajo de autoconvencerse de que no se trataba de un ser humano (curiosamente este trabajo de autoconvencerse deja en la persona un mayor sentimiento de culpa, porque sabe que ha tenido que buscar argumentos para justificar un acto al que no le inclinaba espontáneamente su conciencia).

Cuando el dolor no se superan, conduce a la depresión. La depresión puede alterar el sistema inmunológico, y con esto se aumenta el riesgo de contraer infecciones e incluso, en casos extremos, se ha constatado el inicio de procesos cancerígenos. También ha ocurrido que personas, que han caído en estados depresivos agudos, se han transformado luego en personalidades psicóticas.

2.- Sentimiento de culpabilidad. En muchos estudios se ha observado que cuando no hay sentimiento de culpa, se suele dar una tendencia al alcohol o a la drogadicción; en cambio, cuando hay sentimiento de culpabilidad se suele caer en estados depresivos, que se manifiestan en grandes tristezas, llantos, visión negativa y pesimista del mundo circundante. Cuando el sentimiento de culpa es muy grande lleva a sentimientos de pánico y autodestrucción.

3.- La agresividad. Un efecto del conflicto desatado por el aborto es la agresividad de la mujer hacia los que han intervenido en el aborto: el médico, el novio o esposo, los parientes o amigos que la empujaron al acto, e incluso contra sí misma. De alguna manera descarga así el sentimiento de culpabilidad contra sí misma y el sentimiento de víctima respecto de los demás.

4.- Incertidumbre afectiva. Parte de las dudas en la toma de decisión sobre el aborto gira en torno al amor o deseo natural del niño del que está embarazada la mujer. Sabe intuitivamente, aunque no lo quiera hacer reflejo, que su acto abortivo contradice su amor natural.

5.- La interrupción abrupta del ciclo hormonal. En las mujeres hay ciclos y ritmos naturales relacionados con el embarazo y caracterizados por modificaciones en los procesos hormonales, que terminan de modo natural al culminar todo el proceso de la maternidad ; es decir, que van desde el momento de la ovulación hasta la finalización del tiempo de amamantamiento del bebe. Los cambios hormonales dictaminan alteraciones de orden físico, psicológico y emotivo. Cuando se interrumpe el proceso de modo abrupto, como ocurre en el aborto, tiene lugar en la mujer un trastorno notable, con efectos en todos esos órdenes: físico, afectivo, psicológico y relacional; estas perturbaciones pueden ir desde las depresiones en el orden emotivo, hasta la constatación médica de mayores tendencias a adquirir cáncer de mama, pasando por problemas de integración social y familiar.

6.- La “conciencia biológica”. Es una constatación de muchos psiquiatras. Cito el testimonio del psiquiatra Karl Stern: “No pocas veces vemos que en los casos en que una mujer comete un aborto artificial, digamos en el tercer mes de la gestación, este acto parece no tener consecuencias psicológicas. Sin embargo, seis meses después, precisamente cuando el bebé habría debido venir al mundo, el sujeto cae víctima de una grave depresión o incluso de una psicosis. Ahora bien, acerca de esto se observan dos circunstancias curiosas. La depresión se produce aun sin que la mujer se dé cuenta conscientemente de que “ahora es el momento en que habría debido nacer mi bebé”. Además, no es necesario que la mujer desapruebe el acto de interrupción del embarazo, ya que su profunda reacción de pérdida, (que no va necesariamente unida con una preocupación consciente por el parto fallido) coincide con el tiempo en que éste hubiera tenido lugar.

7.- El sentimiento de fracaso como madre y problemas relacionados. A veces, para llenar el vacío, tiene lugar un deseo vehemente de querer reemplazar al niño perdido; pero este deseo se mezcla con la sospecha y el temor de no saber desempeñarse como madre, o de no poder relacionarse con el bebé de manera correcta, o de no saber criarlo. También ocasiona miedo respecto de los hijos futuros, por ejemplo: miedo a maltratarlos; a veces esto ocasiona la decisión de no tener más hijos. Algunos estudios muestran también que algunas mujeres, que han abortado, tienen problemas reales para llevar adelante posteriores maternidades: tienen problemas para amamantar a sus hijos, reaccionan con miedo o agresividad ante el llanto de sus bebés, e incluso una especie de rechazo (ocasionado por el miedo), y como éste es percibido instintivamente por el bebé, genera sentimientos de abandono. A veces, como no quieren dañar al niño y tienen conciencia de no saber tratarlo, terminan mandándolo desde muy pequeño y sin ninguna necesidad a guarderías infantiles.

8.- Otros problemas. Los estudios a los que hacemos referencia indican también otros síntomas propios de este “síndrome”, como por ejemplo: alteraciones de diversa índole en el sueño (pesadillas persistentes), crisis de identidad, desconfianza, sentimiento de cinismo (conciencia de la inocencia perdida) e incluso, enfermedades psicosomáticas como anorexia y bulimia.
Por todo esto, hay que decir que los problemas ocasionados por el aborto no son de ninguna manera puramente emotivos y pasajeros, sino que tienen un fundamento real en la pérdida voluntaria y culpable de un ser humano indefenso sobre el que se tenía la responsabilidad de la maternidad/paternidad.

¿ES LA RELIGIÓN LA CAUSA DE LA IGNORANCIA Y DEL FANATISMO?


La religión... ¿lleva a la ignorancia? ¿causa el fanatismo? Para discernir ciertos discursos modernos contra la religión.

Por: Ignacio Sánchez Cámara | Fuente: apologetica.org
El «progresismo talibán» -existe otro progresismo también descarriado pero simpático e inocuo- no pierde ocasión de emprender su particular cruzada contra la religión. La barbarie del islamismo radical es imputada en el debe de la cuenta general de la religión. Olvidando que el terrorismo que disfraza su infamia bajo el ropaje de la defensa de algún valor, como la nación, la liberación, la justicia o la religión, hace sólo a esta última responsable del terror. Según tan sutiles razonadores, toda religión encierra en sí misma el germen del fanatismo. Si acaso, limitan su condena a las religiones monoteístas. Y rememoran todas las guerras de religión que en el mundo han sido, omitiendo el pequeño detalle de que ninguna hubiera existido sin la acción de los poderes civiles de los Estados. Repudiar la religiosidad porque existe el fanatismo religioso es tan sutil y convincente como repudiar el matrimonio porque existen los malos tratos y los parricidios. Así, la patología se convierte en la consecuencia natural del fenómeno sano. Para que la falacia resulte completa, conviene además cubrir con un poderoso manto de silencio todo lo que las religiones, y, muy especialmente, el cristianismo, han hecho para construir y defender el edificio de la dignidad del hombre.

La Modernidad, entre un puñado de conquistas indiscutibles, ha conducido a muchos hombres a abrazar el absurdo prejuicio de que la religión es hija de la ignorancia y madre de la barbarie.

Recordemos algunos hitos en esta senda extraviada:
  • «La ciencia destruye la religión», confundiendo a la religiosidad con su enemiga, la superstición, e ignorando los límites de la ciencia.
  • «La religión es el opio del pueblo», identificando un efecto, la producción de esperanza o consuelo, con toda la causa. Es como si redujéramos la esencia de la amistad al logro de ayuda en la adversidad.
  • «La religión es una ilusión», tomando una explicación psicológica válida en algunos casos, no en todos, por una explicación general del fenómeno.
  • «La religión reduce al hombre a la minoría de edad», escamoteando el hecho de que muchos de los más grandes hombres han sido profundamente religiosos.
A todos estos elementales errores, se añade, en ocasiones, un mecanismo mental que conduce a algunos hombres a aborrecer la religión: el resentimiento contra todo lo noble y excelente por parte de quienes son incapaces de elevarse sobre el nivel del suelo.


Todo esto, y algunas cosas más, explica la radical incapacidad de muchos intelectuales de nuestro tiempo para comprender la religión, y la anómala situación que ésta padece en las sociedades occidentales. A esto se añade la conspiración de silencio sobre todo lo valioso que entraña y realiza. Muchos medios de comunicación incurren, en este sentido, en grave irresponsabilidad, al contribuir a la deformación de la opinión pública. Si un Obispado aparece en el caso Gescartera, poco importa que en calidad de fraudulento aprovechado o de víctima inocente, el hecho tiene asegurada la portada y el análisis exhaustivo. Pero a casi nadie le interesa la acción social de la Iglesia, o la celebración de un Congreso sobre la familia, o la condena de la creciente degradación moral realizada por el presidente de la Conferencia Episcopal española. Eso no es noticia. Resaltar los errores, propios, por otra parte, de la condición humana, y minimizar los aciertos, también, sin duda, propios de la condición humana, es una manera de tergiversar la verdad e incumplir el imperativo de veracidad que debe presidir la actividad periodística. El error puede ser disculpable; la mentira, no.

EL SEXO, COMO DIOS MANDA…

La vida sexual es algo muy sublime en el plan de Dios.
Antes que nada el matrimonio cristiano necesita conocer bien el sentido del sexo en el plan de Dios. Él lo quiere. De todas las alternativas posibles que Dios podría haber empleado para generar y mantener la especie humana, escogió la relación física y espiritual del amor conyugal. Dios quiso que la pareja humana fuera el arquetipo de la humanidad y que su generación fuera por medio de la vía sexual.
Además de eso, por medio de este acto, quiso profundizar el amor de la pareja. Entonces, la conclusión a la que se llega es que Dios no sólo inventó el sexo, sino que lo dotó de una profunda dignidad y sentido y, por eso, colocó normas para que fuera vivido de manera correcta, para que no causara desajustes y sufrimiento.
Dios quiso que el ser humano fuera material y espiritual, algo como una bella síntesis del animal que sólo tiene cuerpo, como el ángel que sólo es espíritu.
Y dotándolo de cuerpo quiso que el hombre fuera sexuado como los animales: sin embargo, su vida sexual debía ser guiada no por el instinto, como en los animales, sino por el alma, e iluminada por la inteligencia, embellecida por la libertad, conducida por la voluntad y vivida en el amor.
La vida sexual es algo muy sublime en el plan de Dios; por eso, una pareja jamás debe pensar que Dios está lejos en el momento de su unión más íntima, pues este acto es santo y santificador en el matrimonio y querido por Dios.
El amor conyugal tiene un sentido único; el amor entre dos seres del mismo sexo -como por ejemplo, el padre y el hijo o dos amigos- no se complementan en el plano físico.
El uso del sexo en su debido lugar, en el matrimonio, bien entendido en sus aspectos espiritual y psicológico, es uno de los actos más nobles y significativos que el ser humano puede realizar; pues es fuente de vida y de celebración del amor. La virtud de la castidad, más que renunciar al sexo, significa su uso adecuado.
Dice el Dr. Alphone H. Clemens, Director del Centro de Asesoramiento de la Universidad Católica de América, Washington, D. C., sobre el acto sexual:
Es un acto de gran belleza y profundo significado espiritual, pues el amor conyugal entre dos cristianos en estado de gracia, es una fusión de dos cuerpos que son templos de la Trinidad y una fusión de dos almas que participan de la misma Vida Divina… Por otro lado, usado con propiedad, se vuelve una fuente de unión, armonía, paz y ajuste.
Intensifica el amor entre el esposo y la esposa, y funciona como escudo contra la infidelidad y la incontinencia. La personalidad humana integral, incluso en sus aspectos sobrenaturales, es enriquecida por el sexo, una vez que el acto de amor conyugal también es merecedor de gracias(Clemens, 1969, p. 175).
Raoul de Gutchenere afirma en Judgment on Birth Control:
Fue reconocido hace bastante tiempo que, (…) las relaciones sexuales producen efectos psicológicos profundos, especialmente en la mujer”, una vez que el esperma absorbido por su cuerpo, desempeña un papel dinamógeno, promoviendo el equilibrio.
Generalmente, el acto de amor conyugal provoca relajación, vigor, autoconfianza, satisfacción, sensación general de bienestar, sensación de seguridad y una disposición que conduce a olvidar las dificultades y tensiones de menor importancia entre la pareja(Apud Clemens, p. 177).
No es por casualidad que san Pablo, hace 2000 años ya recomendara a los cónyuges cristianos: No os neguéis el uno al otro… para que Satanás no os tiente(1Co 7,5).

Rechazar el sexo sin motivo puede representar no sólo una injusticia para el cónyuge, sino también un peligro de exponerlo a la infidelidad y el matrimonio al fracaso. Eso muestra que la pareja no debe quedar mucho tiempo separada cualquiera que sean los motivos, especialmente por razones menores.
El alejamiento prolongado entre los esposos puede generar una situación de stress especialmente para el hombre. Algunos logran superar esa abstinencia sexual forzada con una sublimación religiosa, pero no todos tienen la misma disposición.
Sin embargo, es necesario decir que los especialistas muestran en sus investigaciones que “otros factores son más importantes para la felicidad matrimonial que el sexo”, una vez que muchas parejas superan sus problemas y angustias con un amor auténtico.

OBISPOS DE BOLIVIA ALERTAN A FIELES SOBRE FALSA IGLESIA QUE OFRECE SACRAMENTOS

LA PAZ, 22 Ago. 17 / 05:26 pm (ACI).- El Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), Mons. Aurelio Pesoa, pidió a los fieles no dejarse engañar por la Iglesia Católica Apostólica Nacional Boliviana”  ya que están separados de la comunión con la Iglesia Católica.
En declaraciones emitidas el 17 de agosto. Mons. Pesoa insistió a los fieles “que no se dejen engañar por los miembros de este grupo. Ellos reparten tarjetas en las que ofrecen celebraciones de sacramentos”.
“Todos los miembros de este grupo, formado por sacerdotes dimitidos del estado clerical, suspendidos por sus respectivos Obispos u ordenados en celebraciones inválidas, están en una ruptura con la Iglesia Católica, o sea que no celebran en comunión con el Santo Padre y con los Obispos, Sucesores de los Apóstoles”.
“Los sacramentos que supuestamente celebran y ofrecen son actos cismáticos que rompen la unidad de la Iglesia de Cristo. Quienes los celebran, sabiendo que están rompiendo la unidad de la Iglesia, si llamamos a las cosas por su nombre quedan en una situación de ruptura muy grave ante la Iglesia y ante Cristo”.
“Por supuesto, los certificados que extienden no son reconocidos por la Iglesia Católica. Por ello es nuestro deber de pastores volver a denunciar las graves consecuencias morales de celebrar o participar en esos actos cismáticos, para que nadie se deje sorprender por falta de información, ignorancia o buena fe”, concluyó Mons. Pesoa.
El grupo tiene su sede principal en Brasil y es conocida como la Iglesia Católica Apostólica Brasilera.
En noviembre de 2015 esta falsa iglesia ordenó a su primer obispo en Bolivia llamado Mons. Richard Carlos Lipacho Zambrana quien es padre de familia.
En agosto de 2016 la CEB explicó que “un sacerdote dimitido del estado clerical por el Papa es a todos los efectos un laico, por lo que no puede presidir sacramentos ni realizar acciones reservadas a los ministros de la Iglesia”.